Las manos que forjaron el Centro Histórico de Zacatecas


De sombrero de pana redondo, pantalón y chamarra, de estatura baja y tez morena, el maestro albañil Ángel Reyes Estrada, “Mi Amistad”.

TRANCOSO, ZACATECAS. Tres maistros albañiles de formación empírica y autodidactas en la construcción están detrás de la majestuosidad, belleza y funcionalidad de edificios, parques, inmuebles y monumentos que dan vida al Centro Histórico de Zacatecas y a la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), la máxima casa de estudios del estado.

En el gremio de la construcción y en el círculo de la clase alta de Zacatecas del siglo 20 se les conoció como El Perfumado, El Che y Mi Amistad, quienes, hoy en día, han pasado desapercibidos en la estructuración de la historia reciente de la entidad.

Si bien son escasas las fuentes informativas sobre el tema, una investigación del cronista Roberto Ramos Dávila menciona someramente el aporte que realizó uno de estos personajes al desarrollo y embellecimiento del primer cuadro de la capital del estado.

De esta tercia de albañiles, que bien podrían constituir una generación perdida de constructores en Zacatecas, sobrevive El Perfumado, quien tiene 100 años de edad y su memoria senil se centra en recordar anécdotas vividas con los ex gobernadores Pánfilo Natera y Leobardo Reynoso, así como algunos procesos de construcción que encabezó en el Centro Histórico.

Una generación extraviada

En el devenir de las culturas y civilizaciones, la arquitectura pública y particular tienen el mismo perfil: innumerables constructores que labran su talento a través del marro y el cincel para dar solidez, funcionalidad y belleza a las obras, terminan por ser auténticos incógnitos; el lugar que les corrrespondería en la Historia es ocupado por el dueño del inmueble o por el gobernante en turno. En Zacatecas esta situación no ha sido la excepción.

En la segunda mitad del siglo 20, tres albañiles, cuyo máximo grado de estudios no rebasaba el nivel escolar de primaria, ejecutaron obras de infraestructura emanadas de políticas educativas, culturales y de esparcimiento social impulsadas por administraciones gubernamentales que buscaron alinear el desarrollo local a un proyecto de nación.

Juan José Martínez Calvillo, conocido como El Perfumado, fue el maistro mayor que dirigió la construcción del edificio actual de la Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho (BENMAC), cuya primera piedra fue colocada el 17 de septiembre de 1946 por el entonces secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, y por el gobernador Leobardo Reynoso Rodríguez.

En la década de los años 50 dirigió la construcción del Parque Enrique Estrada (conocido popular y erróneamente como Caballito de Ortega o Parque Sierra de Álica, por tener el nombre de la colonia contigua al mismo).

La inauguración de este espacio recreativo trajo la presencia del entonces presidente de México Adolfo López Mateos. En el acto se develó el monumento en honor del general J. Jesús González Ortega, que se ubicaba en el lugar que hoy tiene la fuente Los Faroles, sobre la calle Tacuba, del Centro Histórico de Zacatecas.

La llamada Casa de los Gobernadores, después Casa del Pueblo, construida en el periodo del gobernador Leobardo Reynoso, hoy Museo Francisco Goitia, también fue una obra encabezada por El Perfumado. Ésta emula ser una réplica de la casa Tara, de la película Lo que el viento se llevó.

Así mismo realizó trabajos de restauración y adecuación del inmueble que actualmente alberga las oficinas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), en la avenida Juan de Tolosa, en Zacatecas.

El Perfumado construyó las instalaciones de la Escuela Primaria General Enrique Estrada, ubicada en la Tercera de la Ciudadela; hizo trabajos de intervención en el inmueble donde actualmente se localizan las tiendas Elektra y Óptima, a un costado del Jardín Independencia.

Además, edificó casas e inmuebles en la calle Primero de Mayo, en el Centro Histórico; en la Alameda Trinidad García de la Cadena y en la calle Fernando Villalpando, en esta última a un hijo del ex gobernador Pánfilo Natera.

Compadre de El Perfumado, el maistro albañil José Reyes Benítez, conocido como El Che, en los años 60 recibió la encomienda del entonces rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas, Abraham Torres Viramontes, de dirigir la construcción de los edificios de las Facultades de Derecho, de Ingeniería y de Medicina Humana.

En esa misma década encabezó la construcción del Hotel Aristos, hoy Hotel Parador; los edificios de la Escuela Primaria Jesús González Ortega y de la Escuela Secundaria Técnica 1 Lázaro Cárdenas del Río, ambas ubicadas en la capital del estado; así como el inmueble que hoy alberga el Instituto Zacatecano para la Construcción de Escuelas (Inzace).

Entre sus últimas obras de construcción figura la adecuación como área de estacionamiento público del Mesón de Tacuba, ubicado en la calle del mismo nombre, en el año 2000.

Padre de El Che y también compadre de El Perfumado, el maistro albañil Ángel Reyes Estrada, apodado Mi Amistad por referirse a sus interlocutores  con esta breve frase, trabajó como “ingeniero sin título” al servicio de la clase alta de Zacatecas capital en la segunda mitad del siglo 20.

Entre sus obras realizadas destaca el inmueble que albergó durante un tiempo la tienda Provisiones, sobre la calle Tacuba, y la finca que hoy es sede de la tienda de ropa El Más Barato, ubicada en la Plazuela Genaro Codina.

Asimismo, Mi Amistad construyó viviendas en calles contiguas al Templo del Sagrado Corazón de Jesús y a la Alameda Trinidad García de la Cadena; así como en la calle del Rebote de Barbosa; además, restauró la fachada de un inmueble situado frente a la Plazuela Goitia; todas estas obras ubicadas en el Centro Histórico de Zacatecas.

 

Trabajador de confianza

En una casa color mostaza de dos pisos, sobre la calle San Isidro, de la colonia El Refugio de Arriba, en el municipio Trancoso, ubicado a unos 15 kilómetros de la capital de Zacatecas, un hombre de pelo blanco ríe frente a un televisor que proyecta una película de Pedro Infante; mientras observa el filme, por momentos se impulsa con su bastón para balancearse en una silla mecedora.

Las escenas cinematográficas muestran al espectador promedio un México que dejó de existir hace más de 60 años, casi 70, pero a él le representan un viaje al pasado, en el que existe el mundo de los recuerdos, de las anécdotas, de las historias, de la reminiscencia… de su ayer.

Es Juan José Martínez Calvillo. Tiene 100 años de edad. No toma pastilla alguna ni medicamentos porque no los necesita. Su sorprendente condición física está ligada a su deseo de continuar en el ejercicio de su más grande pasión en la vida: la construcción.

Le apodan El Perfumado por un peculiar estilo de vestir que acuñó en los años 50, 60 y 70 del siglo anterior: traje de doble botón, zapatos de piel y rociado con fragancia de agua de colonia. Estilo que podía pagarse en ese tiempo no obstante su condición de ser un albañil.

Su memoria a corto plazo está ofuscada. Por momentos desconoce a sus interlocutores y repite los episodios de preguntar constantemente sobre la identidad de la persona con quien conversa.

Pero su memoria a largo plazo brilla en él como los dos reconocimientos que penden sobre una pared de su casa, que le fueron otorgados por obras de infraestructura pública que realizó hace unas décadas.

En su plática siempre está presente el nombre de Leobardo Reynoso, a quien define como “un chaparrito que era puro corazón”.

Con su voz quebrada y una mirada perdida en los recuerdos, expresa: “don Leobardo siempre me ponderó ante mucha gente, tenía mucha confianza de encargarme sus obras”.

También habla de la amistad que sostenía con el ex gobernador Pánfilo Natera y sus hijos Pánfilo y Venustiano, de quienes escuchó relatos épicos sobre la participación del General Natera en batallas de la Revolución Mexicana.

En su obra, Roberto Ramos Dávila menciona que el proyecto de edificación de la BENMAC fue encomendado al ingeniero Máximo de la Pedreja, quien contrató los servicios del maestro constructor Juan José Martínez.

El Perfumado recuerda su relación con Máximo de la Pedreja: “ese ingeniero español no sabía nada. Nos la vino guanga. Yo tenía que decirle cómo eran las cosas”, expresa entre movimientos de su arrugada mano, cuyos dedos parecieran que tienen contracturas.

Desde hace 41 años vive con la última de las tres esposas que tuvo. Su nombre es María Rivas Rivera, quien junto a José Ángel Reyes, un profesor jubilado, autodidacta de la Historia y amigo de El Perfumado, realiza la labor de compilar a través de fotografías, testimonios, documentos oficiales y el relato oral del propio Juan José Martínez Calvillo la vida de estos tres maistros albañiles…  ello representa un capítulo aún no escrito en el devenir histórico de la capital de Zacatecas.

Carlos Triana / Tropicozacatecas.com

FOTOS: JOSÉ CÓRDOVA  Y CORTESÍA ÁNGEL REYES

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