Axis Mundi: Tres comics y la fuerza de una idea


Un reciente impacto meteórico en los Montes Urales trajo a nuestra memoria el evento Tunguska del 30 de junio de 1908, cuando, en Siberia, ocurrió una explosión de inmensa magnitud y origen aún incierto, a pesar de las decenas de hipótesis barajeadas desde entonces a la fecha (desde la colisión de un cometa hasta la aparición de antimateria en esa zona del planeta). En el mundo de los comics, dicho suceso suele tener una explicación más «metafísica», ya sea como resultado del enfrentamiento entre las fuerzas de la Luz y la Oscuridad, en The Darkness, la saga de Marc Silvestri donde confluye lo místico con lo gansteril; o el arribo a esta dimensión de «una idea, cuyo tiempo ha llegado», según palabras del filósofo y matemático inglés Alfred North Whitehead.

La «idea» en cuestión no es otra que la del Superhombre nietzscheano y, de acuerdo con la miniserie de 1993, The Maximortal, de Rick Vietch, no sólo estaría detrás de los sucesos de Tunguska, sino que habría sido concebida, literalmente, a partir del estallido, provocado por la cópula entre un cazador siberiano y un extraño hermafrodita que desafía las leyes físicas de nuestra realidad. Vietch es toda una figura en el ámbito del comic, ya que ha participado en los movimientos underground, independiente y en el mainstream —donde tomaría la estafeta a Alan Moore en el clásico Swamp Thing de dc Comics—. Todo este background le permitió realizar la deconstrucción del personaje más emblemático de los comics, Superman, porque The Maximortal es eso, un análisis hasta el extremo del Hombre de Acero, en este caso bajo el nom de guerre de «True Man».

Por supuesto que lo narrado por Vietch no es una historia feliz, al contrario, el autor se enfoca en el lado oscuro de lo que acontecería en nuestro mundo si un ser como Superman existiera en la realidad, con una influencia que se extendería desde la racionalidad científica hasta un misticismo escatológico no apto para estómagos débiles, por lo que toda una pléyade de personajes, históricos y ficticios, se ven arrastrados a la vorágine creada por la presencia del superhombre, ya sea Sherlock Holmes o el propio Albert Einstein.

Además, uno de los grandes méritos de The Maximortal es abordar la historia de los comics en Estados Unidos, la cual también es tan oscura como la narración de Vietch, quien nos muestra la terrible explotación laboral de guionistas y dibujantes; el arrebato de los derechos de autor a los creadores por parte de las grandes editoriales; la llegada de la censura (bajo el Comic Code) en los años 50, con la premisa de que las historietas estaban destruyendo la mente de niños y jóvenes. Así, The Maximortal se convierte en un comic que reflexiona sobre sí mismo, así como en el impacto de una idea sobre el ser humano y su entorno durante el siglo pasado. Como bien dice Einstein en una de las viñetas, «tal parece que el viejo loco de Nietzsche tenía razón».

A propósito de los comics como vehículo idóneo para la reflexión, tenemos otra serie iniciada en los 90, Black Hole, de Charles Burns, publicación independiente que aparecería a lo largo de una década, de 1995 a 2005; en ella, su autor aborda el difícil mundo de la adolescencia, en este caso durante los años 70, en el escenario de una ciudad estadounidense donde empieza a propagarse una enfermedad de transmisión sexual conocida como «el bicho» (the bug), la cual provoca una serie de malformaciones en los infectados, desde una pequeña cola hasta situaciones aberrantes, como cambiar de piel cual serpiente, situación que provoca que decenas de jóvenes se aíslen de la sociedad, viviendo ocultos en un bosque.

A todo esto se unen reflexiones sobre el amor, el sacrificio, el consumo de la marihuana, el arte, es decir, un coctel bastante intenso, como es la adolescencia misma. De hecho, Burns ha expresado que su obra es una metáfora sobre lo que significa ser adolescente, de lo fugaz que resulta la felicidad, de lo fácil que termina lo que parecía ser eterno, de lo duro que significa «encajar» en la comunidad y transitar hacia la adultez. De hecho, de las varias parejas que el comic va siguiendo a lo largo de su narración, sólo una parece destinada a realizar sus ilusiones, al escaparse del entorno tan extraño que Burns crea con gran maestría.

Por cierto, en 2011 nos llega la historia de otra pareja interesante, Dodola y Zam, en la aclamada novela gráfica Habibi (cuya versión en español apareció en el 2014), de Craig Thompson, quien ya había logrado destacar en este medio con Blankets (2003), un comic autobiográfico. Por su parte, Habibi es una reflexión sobre el amor, pero no sólo el referido a una pareja, sino un amor que lo envuelve todo, casi divino, entendiendo a Dios como el supremo narrador de historias, cuyo legado en el Libro Sacro es compartido por judíos cristianos y musulmanes. En este amor por la narración crece la pequeña Dodola, quien es vendida por sus padres para contraer matrimonio con un hábil caligrafista, quien, después de hacerla su mujer, le enseña el arte de la geometría sagrada que se encuentra en el Corán, al tiempo que le inculca el afecto por las historias santas.

Esta situación no dura para siempre, ya que el caligrafista es asesinado y Dodola se ve entregada como esclava, situación que la lleva a conocer a Zam, un niño africano a quien cuida como un hijo, después de escaparse de los esclavistas. En uno de los grandes aciertos narrativos de Thompson, la pareja se refugia en un barco abandonado que, por azares del destino, ha ido a parar en las dunas del desierto. Aquí Dodola cuidará de Zam, narrándole, a su vez, las historias sagradas que aprendió en su precoz matrimonio, hasta que el pequeño crece y comienza a sentir una atracción por Dodola que le generará grandes conflictos internos, sobre todo cuando descubre la forma en que ella obtiene los suministros que alimentan a ambos en ese entorno tan hostil: comerciando sexualmente con las caravanas que cruzan esos áridos territorios.

Como en Las Mil y Una Noches, las historias de esta pareja continúan a lo largo de cientos de páginas de encuentros y desencuentros, de cambios tan radicales que no sólo sorprenden al lector, sino que han provocado airadas críticas a esta novela gráfica, tanto por la violencia sexual ejercida contra la protagonista en varios episodios, como por la representación de ciertos sectores musulmanes. A pesar de ello, Habibi destaca por el monumental esfuerzo de su autor, tanto en el guión como en el dibujo, tan bello como las caligrafías a las que hace referencia. De esta forma, también aquí tenemos una reflexión sobre la fuerza de una idea que llega a nuestro planeta, en este caso, la palabra divina, germen de todas las narraciones que, parafraseando a Borges, tal vez se traten de una sola.

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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