Don Nico Pacheco, precursor del mariachi en Tacoaleche


TACOALECHE. Un metro 80 centímetros y un cúmulo de recuerdos mantienen de pie a uno de los tantos personajes representativos de la cultura popular que ha dado Tacoaleche, tierra de músicos y la comunidad más grande de Guadalupe, Zacatecas.

Calculador en sus palabras, cortés, de humor sano y sonrisa sincera, Nicolás Pacheco Pacheco abrió las puertas de su casa, ubicada en el callejón Miguel Alemán, en San José del Río, Tacoaleche, para recibir a Trópico de Cáncer Noticias.

Bañado diariamente por atardeceres de ensueño, don Nico, como es conocido en la región, se asoma al horizonte para traer a la memoria anécdotas que le inyectan energía a sus 85 años.

El 20 de noviembre de 1932, un domingo como hoy, vio la luz este hijo de agricultores, de nombres María de Jesús Pacheco y Pablo Pacheco, a quienes el entrevistado rememora con cariño y gratitud.

Tras vivir etapas de niñez y adolescencia de forma humilde, pero feliz, don Nico narró que, después de las faenas en el campo, por las tardes acostumbraba asistir adonde había música.

Por ello era frecuente que estuviera presente en los lugares donde tocaba la orquesta de Juan Zúñiga, Salvador y Pascual Flores, sobre todo en fiestas del poblado.

Don Nicolás Pacheco interpreta "Mi querido Tacoaleche".Precursor del mariachi en Tacoaleche, Guadalupe, Zacatecas, Don Nico Pacheco ha sido maestro de decenas de músicos empíricos de la región, y orgulloso de su tierra, concedió una entrevista a Trópico de Cáncer Noticias. No te la pierdas este domingo…

Posted by Trópico de Cáncer Noticias on Saturday, August 18, 2018

Su primera guitarra

Resguardado por una imagen de Nuestra Señora del Refugio, don Nico contó que, ya entrado en edad, en 1957 compró a 3 pesos su primera guitarra, una clavijas de palo café, y ahí empezó la historia, con una formación empírica, de tararear e imitar sonidos.

Con pasos a destiempo y con dificultad, don Nico se acomodó en una silla y siguió la narración, mientras disfrutaba una paleta helada de leche con galleta, su favorita.

Para sacarle provecho a nueva adquisición, luego de unos cuantos meses, salió a la calle a buscar suerte a las kermeses, fiestas y con los borrachos, quienes tomaban mezcal y vino corriente.

Solitario, cantaba en las carreras de caballos y a los teporochos, a quienes les cobraba 3 pesos por canción, y por la desdicha y desamor, en días de raya, éstos gastaban buen dinero, pero otras veces le pedían canciones “de cortesía” y “ahí ya no era negocio”.

Sin que tenga evidencia fotográfica de sus presentaciones, porque “eso no se usaba, como ahora”, don Nico Pacheco contó cuando fue invitado a armonizar con su guitarra en la orquesta de Juan Zúñiga, a la que admiraba. Previo a ello, invitó a Miguel Rosas y Bernardino Cansino a formar el trío Los Rancheros.

Sin embargo, también escuchaba a la orquesta de Miguel Escobedo, Pancho García y Chito Dávila, que a la postre desapareció tras la muerte de éstos.

Se casó el 25 de abril de 1960 con Teresa Mota, a quien señaló, con añoranza y alegría, en un retrato colgado en una de las paredes laterales de su habitación.

Para conquistarla, Nico le llevó serenata a Teresa, quien vivía rumbo a la hacienda. La convenció con el bolero “Jacaranda”, y desde entonces empezaron a noviar.

Nico y Teresa procrearon cuatro hijos: Salvador, Sergio, Rosalba y Hermila, los dos primeros siguieron el oficio de mariachi. Todos viven.

Llegada del Cine Colonial

Entre la década de los 70 y 80 llegó el Cine Colonial a Tacoaleche, y esto propició que se conociera la música de mariachi en la localidad por su proyección en las películas. Nico asistía ahí como ferviente aficionado a cualquier evento popular, como lo hace hasta la fecha.

Animado por varios compañeros a formar una agrupación de este estilo, Nico fundó el Mariachi Tacoaleche, el primero de la comunidad y la región.

Sus integrantes fueron Juan Aguilera, al violín; Miguel Oliva, trompeta; Jesús López, guitarrón; Aurelio Dávila, en la voz; Manuel Espino, vihuela; Juan Espino, guitarra, comandados por Nicolás Pacheco, al violín y trompeta.

Nico y su mariachi empezaron a tocar en kermeses, carreras de caballos, eventos en rancherías y el 4 de julio, en la entonación de Las Mañanitas a la patrona de los tacoalechenses, Nuestra Señora del Refugio, en acompañamiento a Teresa Aguilera y Elvira Rosas, la voz privilegiada del pueblo.

Los Gorriones de San José del Río

Luego de unos años de éxito, debido a desavenencias entre los compañeros, se disuadió el Mariachi Tacoaleche y Nico decidió irse a Guadalupe para incorporarse a otra agrupación. Diariamente iba y venía en camión para hacer lo que le más disfrutaba hacer.

Al ver que sus jornadas eran extenuantes, músicos allegados a Nicolás Pacheco le pedían constantemente que armaran un mariachi. De tanto insistirle, decidió formar un segundo mariachi: Los Gorriones de San José del Río. Pero no fue fácil.

“Los muchachos no tenían instrumentos, me convencieron, tenían ganas, pero eran muy zonzos, yo les agarraba la mano para que pisaran bien… mi mujer decía que al cabo no ganaría nada, pero a mí gustaba andar en la tocada” –sonrió–.

Sus muchachos eran Felipe Aguilera, quien tocaba el guitarrón; Julio Aguilera, guitarra; José Pacheco, violín; Santiago Pacheco, vihuela; Rafael Rodríguez, guitarra; Bruno Vázquez, guitarra; y como siempre, Nicolás Pacheco, guitarra, violín y trompeta. Los primeros cinco ya fallecieron.

En cierta ocasión, a propósito de la rehabilitación del Jardín Zaragoza, Nicolás Pacheco compuso “El Tacoalechense”, son en el que se alude a la ex gobernadora Amalia García Medina; años después, ésta lo mandó llamar para que le cantara la pieza en una fiesta y le dio por ello 500 pesos.

Nicolás Pacheco entona y dedica "El Tacoalechense". Rásquele a la vihuela, Don Nico…

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El encuentro con el más grande

Entre las múltiples anécdotas que soltó Nicolás Pacheco, con pena y como un hecho bochornoso, que no quiere refrescar, fue cuando, cierta ocasión, cuando formaba parte del trío, tuvo un altercado con los músicos Enrique Rodríguez y el connotado Rubén Esparza, quienes tocaban profesionalmente.

Debido a su condición errante, Nicolás y su trío iban en búsqueda de clientes rumbo al bordo de la alameda de Tacoaleche; ahí se encontraba Rubén Esparza, considerado el máximo exponente de la música de la localidad, puesto que ha participado en cientos de proyectos musicales y fílmicos al lado de artistas de fama internacional, como Antonio Aguilar o Vicente Fernández, entre muchos otros.

Al “chocar” por la invasión del territorio, el dueto y el trío intercambiaron palabras que después se convirtieron en golpes entre la muchedumbre. Con su imponente figura portentosa, de más de un metro 80 centímetros, don Nico salió airoso… “Fue cosa fea”. Sin embargo, ahora él y otros más de ese episodio son grandes amigos.

“Gracias a Dios, sigo vivo”

Apoyado por el andador, don Nico se mueve en su habitación para alcanzar una de las dos vihuelas y accede a interpretar melodías que lo llenan de orgullo, pues en ellas se menciona a su tierra: Tacoaleche.

Rodeado de dos camas, tres sillas de plástico, un sillón, un librero, un ropero y un tocador, y sobre ellos un guitarrón y dos vihuelas, don Nico acondiciona su dentadura, por la que tuvo que dejar de tocar la trompeta, y se acomoda en una silla.

Con la vihuela, la energía se concentró en sus manos y, con la mirada cantándole a su esposa Teresa, don Nico ofreció una breve historia de su vida. “Pero aún no me muero. Gracias a Dios, sigo vivo… y canto”.

Erik Flores / Tropicozacatecas.com

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