Valentín de la Sierra, emblema de identidad en la Sierra Madre Occidental


VALPARAÍSO. En la comunidad Milpillas de la Sierra y el Rancho El Cedrito, en Valparaíso, Zacatecas, suena y se canta una composición como si fuera su tercer himno nacional: el corrido Valentín de la Sierra.

Una tumba a flor de tierra y un viejo e infértil tronco de cedro, en el que presuntamente fue ahorcado quien ahí yace, en el paraje de un camino de terracería que une a ambos pueblos, hacen que los versos de esta canción mantengan viva la esencia de quien, más que un héroe, es considerado un mártir del gobierno postrevolucionario.

Los historiadores han logrado victorias pírricas sobre el año en el que fue compuesta esta melodía y se atribuye su creación a distintos orígenes. Lo cierto es que cobró auge hasta dos décadas después, cuando la industria musical en México lo retomó en la voz de varios solistas y conjuntos de renombre nacional e internacional; incluso dio pauta para llevar a la pantalla grande la historia que narra.

El corrido Valentín de la Sierra y la vida de quien le diera existencia: Valentín Ávila Ramírez, no sólo representan un emblema de identidad social para quienes viven en las serranías de Valparaíso, Zacatecas; en Vicente Guerrero, Durango; y Huejuquilla El Alto, Jalisco, esta última por ser cuna del nacimiento de este personaje, sino que, además, ya forma parte de los usos y costumbres de estos pueblos, mismos que conmemoran su muerte con cabalgatas, celebraciones religiosas y convivencia entre familias.

Actualmente, son identificables tres factores detrás del fenómeno social llamado Valentín de la Sierra: mantiene vigente en el imaginario social del movimiento cristero de la década de los años 20 del siglo pasado y, posteriormente, de los años 30.

De la misma manera, el gobierno respeta la organización social en torno a este personaje y, asimismo, ha reavivado de forma somera el viejo conflicto entre eclesiásticos y masones, instituciones que han pugnado por trabajar con distinto personaje una identidad mutua de Valparaíso.

La historia de un valiente

La historia de la Cristiada, que inició el 31 de julio de 1926, al entrar en decreto la Ley Calles, se cuenta y se escribe sin mencionar la vida y los aportes de Valentín Ávila Ramírez, el hombre que dio vida al corrido Valentín de la Sierra.

Los datos que se conocen en torno a él y a su participación en la Cristiada se deben a quienes lo han incluido en sus investigaciones en torno a este movimiento revolucionario religioso registrado en distintos puntos del país, entre ellos Valparaíso y Huejuquilla El Alto; este último municipio lo ha integrado en su perfil cultural y lo promueve como parte de la idiosincrasia de sus habitantes.

Las versiones históricas que hay en torno a su vida se guían por los datos que trae consigo la letra del corrido Valentín de la Sierra, en el que se habla de un hombre valiente que participó en la Revolución Mexicana y que después peleó contra las tropas del gobierno de Plutarco Elías Calles en defensa del movimiento cristero, motivo por el que murió.

En el Museo de los Cristeros, ubicado en la Casa Municipal de Cultura de Huejuquilla El Alto, Jalisco, se conserva una fotografía a blanco y negro sobre él, una imagen de Perfecta Rodríguezla mujer que lo delató ante las tropas federales, e incluso el acta de nacimiento manuscrita en letra de carta, misma que refiere que en 1898 quedó registrado su nacimiento como hijo de Basilio Ávila y Eugenia Ramírez, y que es originario de Huejuquilla El Alto.

Vida y muerte

Cada investigación histórica tiene sus propios datos y versiones, y aunque todos la orientan al mismo objetivo, cada uno la cuenta de distinta manera.

En el libro Pueblos del Viento Norte. Revolución, Cristiada y Rescoldo, Jesús de la Torre señala su fecha de nacimiento el 15 de febrero de 1898. Así también, menciona que Pedro Quintanar le ofreció el grado de capitán a Valentín Ávila.

En El corrido mexicano, el historiador Antonio Avitia Hernández señala a Valentín como un guerrillero de las sierras de Jalisco, Durango y Zacatecas, que capitaneaba a un grupo pequeño de hombres a las órdenes de Pedro Quintanar. También afirma que su muerte ocurrió en 1928.

La investigación más reciente sobre el tema la realizó Luis Rubio Hernansáez, docente y académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), misma que se encuentra en el libro Corridos zacatecanos contemporáneos, De Valentín de la Sierra al siglo XXI.

En este ejemplar se muestra un análisis de los documentos históricos que existen en torno al tema, así como una investigación propia con personas que conocieron a Valentín, que saben sobre la composición del corrido y escucharon relatos de quienes trataron en vida con Valentín Ávila Ramírez.

El investigador universitario establece como lugar de nacimiento la comunidad Los Mezquites y el rancho de Los Landa como su lugar de residencia.

Según el estudio, Valentín Ávila Ramírez tenía 28 años cuando participó en el levantamiento en armas en Huejuquilla que encabezaron Pedro Quintanar, respetado ranchero y tratante de ganado originario de Chalchihuites, así como el ranchero Aurelio Acevedo, de Valparaíso, quienes hicieron frente y obligaron la retirada del coronel Arredondo y sus aproximadamente 50 soldados. Hechos que se registraron el 29 de agosto de 1926.

Días después arribaron a Huejuquilla refuerzos de tropas federales al mando del general Ortiz. Apresaron a Valentín haciendo carbón de leña en una mesa (la humareda llamó la atención). Tenía fama de ser entrón y lo invitaron a la “bola”. Le acompañó su primo Honorato.

En esta misma municipalidad, doña Perfecta, dueña de una fonda, lo delató ante los federales que llegaron a comer a su restaurante como un integrante del grupo revolucionario de Pedro Quintanar. A partir de ahí su suerte estaba echada, y aunque le dieron la oportunidad de que se “pelara” cuando lo enviaron a recoger a agua a un lugar distante, no lo hizo. Su ejecución debió ser  unos días después, el 5 de septiembre.

Sobre la fecha de su muerte, el cronista de Valparaíso, Oliverio Sarmiento Pacheco, quien también ha realizado una investigación histórica propia, considera que su muerte ocurrió en enero de 1927, dato que lo sustenta en la coincidencia del verso del corrido que refiere: “fue en una tarde de invierno” y, además, que en esta zona el carbón se trabaja en el primer mes del año.

De acuerdo con las investigaciones realizadas por el académico universitario y por el cronista valparaisense, Valentín Ávila no era realmente un cristero, pues ni siquiera es mencionado en la investigación histórica sobre este periodo (), simplemente participó en un enfrentamiento armado. Tampoco fue jefe de un grupo armado ni dirigió una guerrilla.

“Aquí se acaban los versos de Valentín”, dice a la letra una de las versiones del corrido en su honor. Aunque si bien es cierto que, de no haber sido por la copiosa difusión y aceptación nacional e internacional que tuvo esta composición musical, su vida hubiera pasado desapercibida, como ocurrió con los más de 200 mil muertos que dejó la Cristiada en los tres años que duró.

El corrido

La historia y el mito se entremezclan al hablar de Valentín de la Sierra.

Mientras Luis Rubio menciona que el corrido surgió porque en vida el mismo Valentín le pagó 2 pesos a “Chemino” Noriega, un trovador de la época, para que le hiciera la composición de su corrido, pues sabía que algún día lo iban a matar, para los lugareños de Huejuquilla El Alto es otra la historia de la composición musical.

Con sus sombreros de palma, sus brazos cruzados y cuatro o cinco horas libres para hablar de cualquier tema, los hombres de avanzada edad se sientan en las bancas de la plaza principal.

Antonio, uno de ellos, relata una anécdota que platicaba su abuelo, un cristero que conoció a Valentín y, además, peleó con él en aquella batalla “épica” para la Cristiada, ocurrida el 29 de agosto de 1926.

“En ese entonces se usaban mucho los corridos –dice mientras pierde su mirada entre recuerdos y ayeres– y una vez Valentín, como no tenía dinero para una veladora, le prendió un pedazo de ocote a la Virgen de Guadalupe y le pidió con mucha fe que alguna vez le compusieran un corrido”.

El corrido de Valentín de la Sierra fue del gusto de las tropas federales callistas y éstas lo pasearon por todo el país, lo pasaban de voz en voz al instalar sus campamentos en los pueblos que combatían, refiere el investigador del Colegio de Michoacán Jean Meyer en el ensayo “Valentín de la Sierra: Historia de un mito”.

Sin embargo, el corrido tuvo modificaciones y “licencias poéticas”, algunas de éstas agregadas por Lidio Pacheco, compositor de Huejuquilla El Alto, refiere el historiador Luis Rubio.

Los hijos de “Chemino” Noriega, Eliseo y Agripino, mantuvieron con vida el corrido de Valentín de la Sierra, aunque hay ligeras diferencias en sus versiones. Por ejemplo, en la última estrofa, Eliseo expresa: “aquí se acaban los versos de un hombre traidor, fue Valentín”, la canción de Agripino, que coincide con la adición de Lidio Pacheco, que sustituye la palabra “traidor” por “valiente”.

En la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) figura el corrido de Valentín de la Sierra. Se trata de una canción de 6 minutos 33 segundos. Los créditos de esta versión, interpretada con arpa y violín, son para los hermanos Ángel y Juan Manuel Morales, cantante y músico, respectivamente, originarios de Jalisco.

La letra de este corrido es la que presenta Antonio Avitia Hernández en su investigación sobre esta canción, en la que, por ejemplo, se habla de preguntas diferentes al interrogatorio de Valentín de la Sierra y corrige el nombre del rancho Holanda por Los Landa.

De acuerdo con la información proporcionada por la mediateca del INAH, en su portal de Internet, la canción está clasificada en la temática Corridos Cristeros, en la que también están los corridos del Padre Pedroza, de Victoriano Ramírez El Catorce, de la Toma de Mezquitic…

 

Si bien fue una canción del pueblo, ésta fue registrada como propia por Luis Pérez Meza, músico, compositor y actor sinaloense conocido como El Trovador del Campo. De acuerdo con la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), el corrido fue patentado con cuatro nombres: “Corrido de Valente”, “Valentín”, “Valentín de la Sierra” y “Vuela, vuela, palomita”.

Luego de ser presentado el corrido de Valentín de la Sierra en el mercado de la música mexicana, devino una cascada de solistas y conjuntos que la interpretaron, tales como Los Alegres de Terán, Los Terribles del Norte, Los Temerarios, Lucha Villa, José Alfredo Jiménez, Cuco Sánchez, Chayito Valdez, Lola Beltrán, Ana Gabriel, Vicente Fernández y Antonio Aguilar, entre otros.

Fue este último, El Charro Zacatecano, quien, en 1968, llevó a la pantalla grande la historia que narra el corrido de Valentín de la Sierra. Sin embargo, a diferencia de lo que refiere la Historia, el Valentín representado por Antonio Aguilar es un hacendado pudiente y benefactor que se sumó a la causa de los rebeldes ante las injusticias que cometía el gobierno del general Porfirio Díaz.

Ese mismo año, el cantante y actor Luis Aguilar protagonizó a Valentín de la Sierra en la película El Caudillo. La trama del filme, dirigido por Alberto Mariscal, muestra al oriundo de Huejuquilla como un revolucionario, al que ascendieron a coronel y que se vio obligado a pelear contra el gobierno porfirista en rechazo de las injusticias sociales contra la población más marginada.

Un Himno de los Hombres de la Sierra

Una de las tantas versiones históricas que hay sobre Valentín de la Sierra refiere que un día después de haber sido ahorcado, pasó por el lugar Jesús Pinedo, un general cristero, de Peña Blanca, quien lo descolgó y le dio cristiana sepultura en ese mismo lugar.

Ese sitio se ubica entre las comunidades Milpillas de la Sierra y El Cedrito, ambas de Valparaíso, ubicadas en la Sierra Madre Occidental. Se encuentra a 47 kilómetros de la cabecera municipal y a 162 kilómetros de la capital del estado si se accede por Fresnillo, que es la ruta más corta.

Al poco tiempo de la película que protagonizó Antonio Aguilar sobre este personaje, hubo interés de los lugareños por dar vida al sitio donde ocurrió su muerte con cabalgatas charras… pero no tuvieron el éxito deseado.

Fue hasta el 6 de agosto de 2011 cuando se retomaron las marchas a caballo y la leyenda de Valentín de la Sierra cobró auge en la región.

En Huejuquilla El Alto, de donde es originario, los pobladores se organizaron y, con recursos propios, el 30 de marzo de 2015 develaron la escultura de Valentín de la Sierra, misma que, con autorización del gobierno municipal, se encuentra instalada en un camellón del acceso principal de la cabecera municipal.

La autoridad municipal también creó un museo sobre el movimiento cristero, en el que este personaje tiene su espacio.

También en esta municipalidad, una empresa tequilera creó la bebida agave llamada Valentín de la Sierra y, así también, uno de los dos lienzos charros de Huejuquilla El Alto lleva este nombre.

La Iglesia católica se ha involucrado en el rescate del fenómeno Valentín de la Sierra. A través del sacerdote Marcos, capellán de la región, el 18 de enero de 2017 se erigió nuevamente y, cerca de su tumba, se sembró en tierra el tronco de cedro en el que colgaron a este personaje, mismo que había sido conservado y respetado por los lugareños.

Cada 14 de febrero se oficia una misa religiosa en el paraje donde se ubica la tumba de Valentín Ávila Ramírez, misma que es acompañada de cabalgatas que confluyen de Milpillas, Huejuquilla y Vicente Guerrero. También asisten personas provenientes de Fresnillo, Sombrerete y Chalchihuites.

José G Montoya, un campesino de 62 años originario de Milpillas de la Sierra, ha vivido el desarrollo del fenómeno Valentín de la Sierra. Tiene una versión histórica que se cuenta en la región y ha visto las distintas acciones que se han realizado para rescatar su imagen.

“Lo cierto es que buscamos ideales que nos identifiquen y creo que él (Valentín) es uno. No por lo que en realidad haya sido en sí, el concepto las misas y cabalgatas a mi pensar son más para unir gentes y pueblos, estar más unidos y fraternos unos con otros en estos días de tanta desavenencia”, expresó.

Para él, el corrido Valentín de la Sierra es un Himno de los Hombres la Sierra porque habla de un hombre que muere y lucha por lo que cree. “Ponga atención cuando dice: ‘yo soy de los hombres que han inventado la Revolución… madre mía, por tu religión me van a matar… de nada les dio razón’. Habla de gente que no raja; es una especie de valorar la vida cuando se vive con valentía y aceptar las consecuencias de ello”, comentó.

La construcción de la identidad en Valparaíso

La imagen social de Valentín de la Sierra ha generado una ligera confrontación en Valparaíso, aunque histórica de México, entre dos viejas instituciones: la Iglesia católica y la masonería.

El 17 de mayo del año anterior, en el Jardín González Ortega, de Valparaíso, se develó un busto del general J. Jesús González Ortega, mismo que fue promovido por el cronista Oliverio Sarmiento. El personaje fue un connotado masón zacatecano del siglo 19 oriundo de esta tierra, quien pudo haber sido Presidente de la República.

Sin embargo, días antes de este hecho, desde el púlpito del Templo de la Purísima Concepción en este municipio, el sacerdote Manuel Ávalos denostaba la imagen de J. Jesús González Ortega, a quien lo acusaba de haberse robado la pila bautismal de plata de la Catedral Basílica de Zacatecas y haber robado en otros sitios de San Luis Potosí, según relató un feligrés valparaisense.

Incluso, se llegó a promover la idea de que Valparaíso tiene más identidad con Valentín de la Sierra que con el general zacatecano, comentó.

A nueve décadas de la muerte de Valentín de la Sierra, puede afirmarse que su corrido, su tumba y el tronco del árbol en el que fue colgado, reconstruyen una historia más verídica, que tiene nuevos personajes y datos más claros que generarán mayor certeza sobre quién fue este personaje, símbolo de identidad en la Sierra Madre Occidental en México.

Carlos Triana / Tropicozacatecas

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