Las mujeres que borraron las pintas de feministas


ZACATECAS. El viernes 8 de marzo, un nutrido grupo de feministas marchó por las calles del Centro Histórico de Zacatecas, con pancartas, gritos, consignas, y entre sus filas, mujeres y niños con vestimentas moradas, blancas y los colores del arcoíris.

El objetivo era alzar la voz por los feminicidios crecientes en Zacatecas y México, denunciar la violencia contra las mujeres, así como exigir la garantía de derechos para este sector poblacional.

Sin embargo, la polémica se desató luego de que mujeres del colectivo caminaran con los pechos descubiertos, aunque pintados, y, tras su paso, se dejaran pintas visibles en edificios y monumentos históricos. La leyenda: “Estado Feminista”

Mientras simpatizantes e integrantes de los grupos feministas defendieron y justificaron estos actos, bajo el argumento de que las pintas se borran, pero que una mujer asesinada ya no regresa, multitudes criticaron duramente estas acciones.

Y, al siguiente día, apareció en las redes sociales la imagen de una mujer que borraba las pintas de las letras moradas “Estado Feminista”. De inmediato se hizo viral.

Esta mujer, con el perfil de Facebook Miriam Pinediux, es trabajadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), con estudios en Restauración y Conservación. En esta plataforma de interacción social, manifestó que borró esas pintas “sin repeler, ni insultar, y con mucho gusto, pero la verdad es que estoy súper decepcionada de todas ustedes”.

Y añadió: “No por la razón de que rayen las paredes o lo que sea porque al final de cuentas las entiendo; yo puedo usar solventes y se borra, pero ningún solvente va a borrarles ningún acto de violencia o acoso, muchísimo menos de muerte o violación, de verdad lo entiendo”.

Trabajo de hombres

Como restauradora, durante tres años y apoyada por mujeres, en su mayoría, Míriam ha realizado trabajos en los que sólo se concibe a los hombres: armar enormes castillos de andamios para subir a las alturas, cargar polines y escombro.

Esto les ha valido ser objeto de insultos, desde “que tenemos manos de albañil”, “que los hombres quieren una novia, no un vato”, hasta “changas”, por andar en las alturas.

Pero lo han soportado. Todo con el único fin de resguardar y proteger la integridad física de las personas, porque los edificios también matan, adujo.

Míriam ha luchado por eliminar la etiqueta que tienen los restauradores: que deben estar confinados a restaurar piezas encerrados en un taller, fumando cigarrillos largos, con bata blanca y tacones, comiendo lechuga y escuchando a Mozart.

En su caso, decidió cambiar esa mentalidad y luchar contra los insultos en este mundo de hombres rudos, quienes se les ignoran sus instrucciones por ser mujeres.

“Nos dijeron que las mujeres en la cocina, que no debíamos cargar, que no alcanzamos, que es peligroso, que estamos locas, y el típico déjamelo a mí, nos hicieron llorar cuando decían que no lo lograríamos, que no éramos lo suficientemente rápidas, que no podíamos cargar andamios, cuando nos quedamos sin novio por no comunicarnos con ellos a diario o porque simplemente no concebían a sus princesas rodeadas de señores…”, externó Míriam.

“El feminismo no es rayar paredes”

Al inicio de esta semana, mientras hacía el trabajo de limpia de las pintas que dejó a su paso la manifestación de los grupos femnistas, junto con otros compañeros suyos, Míriam fue objeto de burlas y hasta de insultos.

“Si nuestro trabajo es mantener los bienes culturales en buen estado, cuando empezamos a retirar los grafitis fuimos objeto de burlas y malos comentarios; estaban dos chicos limpiando y comenzaron a decirles que eran unos machistas represores, se puso una chica a limpiar y era una tonta machista manipulada por el patriarcado…”, expresó.

Míriam afirmó que limpiar esos grafitis les quitó un día completo de trabajo. “Para muchos son unas simples rayas, para otros, un acto vandálico de delincuentes. Para mí, es una decepción porque nunca fue la intención de nosotras borrarlos porque no las apoyamos, solamente estamos haciendo nuestro trabajo, tratando de hacer algo por el mundo desde lo que podamos hacer”.

De acuerdo con la restauradora, “aunque la cultura les parezca algo tonto, si no respetamos las formas en que podemos ayudar, seguimos haciendo las cosas mal…”.

En su condición de mujer, expresó, “el feminismo no es rayar paredes, para mí es respetarnos las unas a las otras y los unos a los otros”.

Ante esta situación, Míriam consignó que el peor enemigo de una mujer es otra mujer intolerante, por todos los insultos que recibieron de mujeres, principalmente.

“Sólo hacemos nuestro trabajo y merece respeto, porque nos ha costado mucho esfuerzo proteger nuestros bienes culturales con los pocos centavos que el mismo gobierno del que se quejan le da a la cultura”.

Pese a todo ello, Míriam dice amar su trabajo y cada día se siente comprometida con lo que hace, orgullosa de lo que ha logrado con su equipo, “superando dificultades, buscando la ayuda fuera de casa y logrando que nuestro patrimonio perdure para más generaciones  y, además, previniendo muertes”.

Erik Flores / Tropicozacatecas.com

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