Axis Mundi: Tercia de reyes y el cierre de la frontera


Hace apenas una semana, el presidente Donald Trump parecía dispuesto a tomar la drástica medida de cerrar la frontera México–Estados Unidos, tanto al comercio como a los viajeros. El pretexto ha sido el mismo que ha empleado desde que empezó su campaña, hace ya más de tres años: detener el flujo de migrantes centroamericanos que avanzan hacia EUA, pero también castigar a nuestro país por no «hacer su parte», demostrando, por enésima vez, la ignorancia que lo caracteriza, al desconocer que buena parte de este fenómeno migratorio ha sido creado por las erróneas políticas estadounidenses en nuestra región, como lo hemos señalado en columnas anteriores.[i]

Sin embargo, el pasado 4 de abril, la Bestia Trump dio marcha atrás y «otorgó» a nuestro país un año de ‘gracia’ para detener el flujo de migrantes y drogas a través de la frontera. Si eso no sucede, amenazó, se impondrían aranceles a los automóviles,[ii] y sugirió que podría seguir cerrando la frontera cuántas veces fuera necesario. Si Trump alguna vez cumple con su amenaza y pone un cartel que diga «cerrado» en su frontera sur, no sería la primera vez que un presidente yanqui lo hace. Durante los últimos 50 años, en dos ocasiones Estados Unidos ha tratado de usar la frontera para obligar a México a doblegarse a su voluntad, y la artimaña falló ambas veces.

De acuerdo con estudiosos de la dinámica fronteriza México–norteamericana, la historia señala que las amenazas de cierre de fronteras pueden ser políticamente útiles, pero nunca son una respuesta real a la tragedia humana que estamos padeciendo, con cada vez más migrantes que mueren mientras se encuentran bajo el «cuidado» de las autoridades yanquis.[iii]

Ya en 1969, el presidente Richard Nixon lanzó la Operación Intercepción,[iv] con el objetivo de obligar a México a colaborar, con más «convencimiento», en las políticas de su administración para detener el flujo de drogas, lo cual fue, al igual que acontece ahora con Trump, una de sus promesas de campaña. Aunque técnicamente no fue un cierre completo de la frontera, se requirió que los agentes de aduana registraran cada automóvil, camión y autobús que ingresara a los Estados Unidos. Lo anterior provocó grandes retrasos y una caída significativa de la actividad económica en ambos países. Tal como puede suceder con la actual ocurrencia del «Gran Cheeto», hace medio siglo, las empresas y los políticos fronterizos le rogaron a Nixon que pusiera fin a la Operación Intercepción.

Por su parte, las autoridades mexicanas de la época, lidereadas por el siniestro Díaz Ordaz y con la demagogia que siempre les ha caracterizado, destacaron el progreso que ya habían hecho en sus operaciones antidrogas y se comprometieron a «continuarlas con creciente intensidad». México incluso dijo que estaba dispuesto a aceptar los apoyos antinarcóticos procedentes de Estados Unidos, como aviones y armamento sofisticado, para ayudar a la administración de Nixon en lo que ya desde entonces se vislumbraba como la interminable, y perdida, «guerra contra las drogas».

Como suele suceder, al final de cuentas, nada importante cambió: la frontera se reabrió después de tres semanas de iniciado el operativo yanqui. El incidente, sin embargo, enseñó a los líderes mexicanos cómo apaciguar este tipo de demandas estadounidenses en el futuro —tal y como se ha hecho con particular intensidad a partir del sexenio de Felipe Calderón—, utilizando la retórica correcta de la «guerra contra las drogas».

Pero, como bien sabemos, en la práctica, el control de la producción y tráfico de las drogas nunca ha sido una prioridad del gobierno mexicano, mucho menos hace 50 años. Y, como bien ha documentado Oswaldo Zavala en su indispensable obra, Los cárteles no existen,[v] el Estado mexicano ha empleado las políticas antidrogas estadounidenses en su propio beneficio, por ejemplo, en la década de 1970, la ayuda financiera que se recibió de Estados Unidos para detener el flujo de drogas se utilizó, al buena parte, para reprimir la disidencia política interna, en gigantescos y cruentos operativos como la Operación Cóndor.[vi]

Otro presidente yanqui al que le gustaba emplear el pretexto de «la guerra contra las drogas», sobre todo cuando la Guerra Fría llegó a su fin, fue Ronald Regan, quien también intentó el cierre de la frontera con México en 1985, durante la Operación Intercepción II, en lo que ya parece una saga hollywoodense de parte de los políticos sin imaginación de la Casa Blanca. Nuestros lectores que hayan crecido durante la década de los 80, sin duda recordarán el origen de dicha crisis: el secuestro del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, y del piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar, por miembros del Cártel de Guadalajara, suceso que ha sido adaptado con gran acierto por Netflix en su estupenda serie Narcos: México (2018).

Como las autoridades mexicanas no pudieron encontrar al agente secuestrado, la Casa Blanca decidió, una vez más, utilizar la frontera para forzarlas a tomar medidas más enérgicas, cerrando nueve puestos de control. La mayoría de los mexicanos percibieron el cierre fronterizo como otra manifestación del «imperialismo yanqui», preguntándose cómo la desaparición de un agente podía causar tanto alboroto, cuando cientos de mexicanos ya habían sido asesinados como resultado de la falacia de la «guerra contra las drogas». Aunque la frontera fue reabierta en cuestión de días, por segunda ocasión, el cierre afectó gravemente a la economía fronteriza, así como a las relaciones entre los dos países.

Como puede apreciarse, ambas versiones de la Operación Intercepción fueron severamente turbulentas, pero no lograron motivar ningún cambio significativo en la política mexicana sobre el control de drogas, la seguridad fronteriza o cualquier otra cosa. Dicho de manera clara: demostraron que es efectivamente imposible cerrar la frontera México–Estados Unidos, o restringir de modo severo el tránsito de personas y mercancías, por un período de tiempo prolongado. La interdependencia económica, social y cultural entre México y EUA es demasiado profunda. Y la auténtica seguridad nacional estadounidense, no las bufonadas de la Bestia Trump y sus millones de acólitos, depende de sostener fuertes y respetuosas relaciones con México.

Las advertencias de Trump sobre una «invasión» de violadores y pandilleros hispanos pueden ganarle la ‘simpatía’ de sus partidarios, y su amenaza de cerrar la frontera también podría lograrlo. Pero, como aparentemente le señalaron sus asesores, los cierres de fronteras no hacen más que dañar las economías y fomentar los resentimientos. La inmigración se reduciría, pero en una escala minúscula.

México y Estados Unidos —pese a los resentimientos históricos, culturales y sociopolíticos que tenemos con los yanquis— estamos interconectados en gran medida, somos socios comerciales e incluso ‘aliados’, no enemigos. Por ende, presionar a nuestro país y a otras naciones para que hagan el trabajo sucio de EUA sobre problemas altamente complejos, como el control de las drogas y la migración, simplemente produce más antagonismo, al tiempo que nunca se lograrán resultados positivos.

[i] http://www.tropicozacatecas.com/2018/10/21/axis-mundi-eu-y-la-migracion-centroamericana-la-serpiente-se-devora-a-si-misma/

[ii] https://www.elfinanciero.com.mx/economia/trump-amenaza-a-mexico-ahora-con-aranceles-a-autos-si-no-detiene-a-inmigrantes-y-drogas

[iii] https://www.debate.com.mx/mundo/Muere-otro-migrante-mexicano-bajo-custodia-del-ICE-en-EU-20190406-0048.html

[iv] https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB86/proceso2.pdf

[v] http://malpasoed.com/mx/libro/los-carteles-no-existen-narcotrafico-y-cultura-en-mexico/

[vi] https://www.proceso.com.mx/187331/la-ultraderecha-mexicana-en-la-operacion-condor

 

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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