‘Peaky Blinders’: gánsteres vs. fascistas


Peaky Blinders, de Steven Knight, se ha convertido, aparte de una serie de culto a nivel mundial,[i] en una cátedra de cómo construir un universo narrativo. Knight, el cerebro detrás de este drama de gánsteres de la BBC —cuya quinta temporada se estrenará el próximo 4 de octubre en Netflix—, ha sido exitoso al elaborar un tapiz tan rico y detallado que sus personajes se han vuelto tan reales como ustedes, amables lectores, y un servidor, protagonistas tan logrados que brotan ante nuestros propios ojos. Conocemos sus fortalezas, sus demonios y lo que desayunan: whisky irlandés rematado con un cigarrillo, y tal vez un chorrito de algo más fuerte —quizás un opiáceo— en un día especialmente duro.

Pero esta quinta temporada, con sus personajes que hemos llegado a entender a partir de su estreno en 2013, y sus lugares de interés que reconocemos a simple vista —desde las terrazas manchadas de carbón de Small Heath de Birmingham hasta la mansión de Tommy Shelby (un genial Cillian Murphy)—, resulta más reconocible que sus predecesoras por una razón profundamente inquietante: la introducción del populista Oswald Mosley y el resurgimiento del fascismo. A pesar de la cantidad de avances tecnológicos y sociales de los que «disfrutamos» actualmente, la Crisis de Wall Street de 1929[ii] y sus secuelas no parecen tan lejanas de nuestro 2019.

Nos encontramos por primera vez con Mosley (interpretado por Sam Claflin) en la Cámara de los Comunes, oculto entre las sombras, mientras Tommy cautiva a su audiencia con su discurso sobre el «hombre trabajador». Pero cuando Mosley se presenta por primera vez al jefe de los Peaky Blinders, no se desenvainan las armas. No hay ninguna amenaza verbal abierta, como hemos visto una y otra vez con los otros adversarios de Shelby. En cambio, Oswald Mosley elogia al ahora legislador laborista, señalando: «Sólo quería decirle lo mucho que disfruté su discurso. Habla muy elocuentemente».

Pero hay algo siniestro acechando en los ojos de Mosley, brillantes como serpientes, mientras mide a su presa. Su entrada, en apariencia sin incidentes, señala una innegable inquietud que se sentirá a lo largo de los siguientes episodios de la serie, y posiblemente más allá. Mosley continúa su señalamiento: «Mi circunscripción limita con la suya y permítame decirle que ha llamado mi atención». En el tercer episodio, Shelby lo llamará «el Diablo»; además, en el mismo capítulo, Karl, el hijo de Ada —hermana de Tommy—, le cuenta al coronel Ben Younger, quien es negro, sobre el creciente racismo y antisemitismo en su escuela, y luego añade: «Creo que no quiero que seas mi padre, porque mi padre es blanco y está en el cielo».

Mosley es un personaje histórico de la política en el Reino Unido: primero fue un parlamentario conservador antes de pasar al partido laborista. Luego estableció la Unión Británica de Fascistas, por lo que no resulta sorprendente que haya visitado a Benito Mussolini en Italia, al tiempo que fue invitado de honor en la segunda boda de Adolf Hitler, la cual tuvo lugar en la casa del ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels.

Steven Knight no pierde tiempo en arrojar al espectador al caos que siguió a la caída del mercado de valores en 1929. A menos de 10 minutos del primer episodio de la quinta temporada, Michael Gray (sobrino de Tommy, ‘desterrado’ en EUA) se da cuenta de lo que ha ocurrido y, a su vez, transmite la noticia a los Shelby. Millones de libras en inversiones, incluyendo las suyas, se han evaporado, y así, como en las crisis económicas de los últimos 25 años, comienza el repentino y salvaje efecto dominó.

Como espectadores somos plenamente conscientes de lo que sucederá después del crack bursátil, gracias al beneficio de la historia. Pero aunque los personajes de Peaky Blinders saben que se avecinan tiempos difíciles, aún no se han dado cuenta de lo destructivo y el gran alcance que tendrá el impacto del «Jueves Negro». La Gran Depresión durará diez años y la Historia la describe como «la peor recesión económica de la historia del mundo industrializado».[iii] Y son los efectos de dicha crisis —el alto nivel de desempleo, la caída de los ingresos y el descenso del nivel de vida— los que crean un espacio para figuras populistas y funestas como Mosley, quienes prosperan en tiempos de turbación y desconcierto, como las ratas en el drenaje.

Sabemos que nuestro mundo se encuentra, una vez más, en el trance de un renacimiento fascista. Algunas figuras de autoridad están alimentando una atmósfera tóxica y mortal, por ejemplo, el debate sobre el Brexit en el Reino Unido ha provocado que el racismo y los crímenes de odio aumenten enormemente.[iv] Y ni que decir de los EUA de la Bestia Trump: un estudio basado en datos de la Liga Anti–Difamación reveló que los condados que celebraron mítines para la campaña del Gran Cheeto de 2016 mostraban un incremento en crímenes de odio en más del doble, comparado con aquellos que no lo hicieron.[v]

Asimismo, el presidente y ecocida brasileño, Jair Bolsonaro, elegido en octubre de 2018, es ferozmente derechista, mientras que la ideología nacionalista de Marine Le Pen sigue ganando terreno en Francia. También tenemos los recientes tiroteos de la supremacía blanca contra mezquitas de Nueva Zelanda y Noruega, así como los ataques con armas de fuego llevados a cabo por los supremacistas blancos, en Estados Unidos, contra personas de origen latino, judío y afroamericano.[vi]

Aunque sólo hemos visto un puñado de episodios de la quinta temporada de Peaky Blinders, la inclusión de Mosley es un indicador de lo que está por venir y, trágicamente, hoy vemos el mundo tal y como se refleja en la serie de la BBC. Desapareció el enfrentamiento con la Cosa Nostra que dominó la cuarta temporada, y aunque los tiroteos así como los conflictos entre los gánsteres siguen siendo parte del ADN de la serie, las relaciones políticas y sus efectos en el mundo real ahora son lo que le da sabor a esta temporada, próxima a estrenarse en nuestro país, gracias a Netflix, que también ha salido ganando al programar un show que se convirtió en uno de sus hits globales, no gracias al marketing, sino a la recomendación de boca en boca de sus fervientes fans, entre los cuales se incluye un servidor.

Durante una entrevista, el director de la quinta temporada, Anthony Byrne, que también regresará para dirigir la sexta (convirtiéndose en el primero en dirigir esta serie en dos ocasiones), habló de cómo este drama es más escalofriante debido a lo que Mosley aporta:

«No es un gánster. Tommy puede ser más listo, más listo que un gánster. Pero este tipo representa una ideología que es totalmente tóxica. No es alguien a quien Tommy pueda vencer con sus manos o con un arma o conseguir que Arthur (su hermano) lo haga. Es el tipo de antagonista más peligroso. Éramos conscientes de ello [el ascenso del fascismo en el Reino Unido] en el momento en que empezamos a hacer esta serie. Estaba sucediendo, pero nunca pensamos que se volvería así. Dieciséis meses después —es el tiempo que he estado haciendo esto— se siente como si estuviéramos reaccionando a algo que está sucediendo esta semana. Cuando leíamos los guiones hace unos meses, discutimos y reconocimos [los paralelismos con la política actual], pero ahora hemos llegado tan lejos que [la serie] casi lo refleja directamente».

Finn Cole, que interpreta al citado sobrino de Tommy, Michael, retoma las ideas del director Byrne:

«Lo más importante para nosotros fue decir que este mundo de gánsteres es terrible y sombrío, pero hay reglas, [mientras que] la política es terrible y sombría y no hay reglas. Las Cámaras del Parlamento son un lugar más oscuro y malvado que las calles de Birmingham [donde tienen su base social los Peaky Blinders, debido a que esta es una serie que aborda, como pocas, la lucha de clases]. Porque estas familias viven bajo un conjunto de reglas. Se aman, se cuidan y quieren hacer bien las cosas. Lo hacen de maneras terribles, terribles, pero verás que el gobierno también lo hace. Y el lado oficial de las cosas está tan mal como el lado ilegítimo de ese mundo».

Al contemplar la quinta temporada de esta obra maestra de la BBC, [vii] se percibe la sombra de un enemigo conocido. Peaky Blinders es un drama de época, pero es un relato arraigado en una realidad que nos gustaría olvidar, y es aún más desgarrador por ello.

Notas de referencia:

[i] https://www.theguardian.com/commentisfree/2019/aug/24/peaky-blinders-cult-rebellion

[ii] https://www.zonaeconomica.com/crisis-1929

[iii] https://www.history.com/topics/great-depression/great-depression-history

[iv] https://www.theguardian.com/society/2018/oct/16/hate-crime-brexit-terrorist-attacks-england-wales

[v] https://www.washingtonpost.com/politics/2019/03/22/trumps-rhetoric-does-inspire-more-hate-crimes/

[vi] http://www.tropicozacatecas.com/2019/08/11/tiroteos-masivos-la-faz-del-terrorismo-blanco/

[vii] «Con una fotografía y dirección artística de ensueño y muy bien cuidadas, con diálogos electrizantes que sacan no pocas lágrimas, y con un soundtrack de guitarras eléctricas poderosas como PJ Harvey, Artic Monkeys, Radiohead, Queens of the Stone Age o Black Rebel Motorcycle Club, Steven Knight logra algo demasiado difícil en el mundo cinematográfico: una serie de ficción histórica que no es para nada panfletaria, sino toda una obra de arte», http://www.laizquierdadiario.mx/Peaky-Blinders-gansters-y-lucha-de-clases-en-Inglaterra.

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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