Don Luis, el semillero más elegante de Zacatecas


Mimetizado entre la clase política que recorre la avenida Hidalgo para llegar a las cafeterías del Centro Histórico de Zacatecas, un sexagenario, vestido elegantemente, camina a paso lento apoyado de su bastón.

Su aspecto es impecable: boina Príncipe de Gales color beige, lentes de sol Ray–Ban Ripley, bien rasurado, camisa polo color azul, saco estilo italiano color gris, pantalón de vestir color negro, sus gafas con graduación cuelgan sobre su pecho, zapatos mocasines color beige.

Con la mano izquierda se afianza de un bastón de madera de empuñadura de una sola pieza; con el brazo derecho carga, pegada a su pecho, una canasta de mimbre, misma que en su interior reposa un kilogramo de semilla tostada de calabaza.

Su nombre es Luis Alberto Rodríguez Báez y tiene 63 años. Por su vestimenta iconográfica nadie adivinaría su oficio; para sorpresa de quienes lo han visto en esta emblemática calle de Zacatecas: es vendedor de semillas tostadas. Sin duda es el semillero más elegante de Zacatecas y tal vez de México.

Don Luis, como le conocen sus clientes y amistades, es uno de esos extraños personajes que se ven con cierta atemporalidad, porque además, debajo de su semblanza, misma que se impone sobre las calles de adoquín y en medio de los edificios de cantera rosada, también se esconde una vida de 51 años de ser payaso.

 

Cristalito

¿Qué puede asombrar más a un turista y a un oriundo de Zacatecas: ver a un semillero con vestimenta de etiqueta o escucharlo hablar de la poesía de Ramón López Velarde y de la música de Candelario Huízar, ambos íconos de la cultura jerezana?

Mientras platica sobre la Suave Patria, del poeta López Velarde, y de la Sinfonía número 4, que compuso en 1942 el músico jerezano, recibe una mirada atónita de un grupo de mujeres turistas de Querétaro, quienes parecen no dar crédito a lo que perciben sus sentidos.

“Pues precisamente de ahí traigo mis semillas. Soy, con orgullo, de Jerez. Vea la semilla que traigo, yo mismo la escojo: es una semilla grande, que está bien asoleada y que fue tostada en lumbre el día de ayer”, refiere don Luis.

Pero la historia de don Luis, el semillero, es reciente, su otra historia, una que tiene más de medio siglo, inició cuando él tenía el tenía 12 años: aprendió el oficio de payaso, al ser instruido por un amigo mayor que él.

Mientras se apropiaba del arte de hacer reír y desarrollaba un estilo propio, el entonces joven Luis Alberto ingresó a la Escuela Normal Rural Gral. Matías Ramos Santos, en San Marcos, Loreto, pero no concluyó sus estudios y optó por seguir en el camino de la risa y la comedia.

Su nombre artístico es Cristalito. Generaciones de los años ochentas y noventas, crecieron viéndolo actuar en fiestas infantiles, eventos públicos o en inauguraciones de establecimientos comerciales.

“Hoy se burlan mucho de mi nombre, me dicen ´ese Cristalito debe ser bien drogadicto´. Ya la gente le da otro sentido a la palabra… Pero Cristalito para mí era lo que sigue siendo: algo puro, transparente, algo nítido”, comenta con su voz pausada.

El lado de Cristalito que más le gustó a don Luis era su sentido altruista, cuando el payasito ayudaba a las causas nobles y justas.

“Me invitaban a las quermeses para que presentara un show a fin de que la gente pudiera recabar dinero para construir la barda de una escuela, o comprar unas butacas que les hacían falta. Yo cuando podía iba y nunca les cobré ni un peso”, comenta al pie de la escalera de la Plazuela Goitia.

El 22 de noviembre de 2018, don Luis presentó en el vestíbulo del Teatro Fernando Calderón, en la capital del estado, una exposición sobre los 50 años de trayectoria de Cristalito, en la que mostró fotografías de sus espectáculos y los trajes que utilizó para dar vida a su personaje.

Cristalito hacía humor blanco y dirigido al público infantil, “sin groserías, sin ofensas, chistes muy fáciles y sencillos para que los entendieran los niños, pero también era de interés y atracción a los adultos”, refiere.

Don Luis, el semillero

Cada aspecto que da vida a este semillero, que para algunos de sus conocidos paciera ser un personaje que es representado por don Luis, está atinadamente cuidado.

El interior de su canasta de mimbre está forrada de plástico, de tal forma que las semillas no puedan filtrarse por las pequeñas oquedades que se forman en el material del que está elaborada.

La medida de porción de venta está marcada por un jarrito de barro, amarrado por su oreja -con un mecate blanco- al asa de la canasta. El producto lo deposita en una pequeña bolsa de papel Kraft color café y, finalmente, la entrega al cliente.

“La gente a veces no me quiere comprar porque me ven bien vestido, me dicen que yo ando mejor vestido que ellos y que yo no necesito de andar vendiendo semillas. Pero yo les digo que me visto así para honrar mi trabajo, cualquier trabajo dignifica al hombre”, comenta don Luis mientras despacha a sus primeros clientes del día.

Este oficio lo inició hace tres años, ante la falta de empleo y bajo la necesidad de llevar un ingreso a su familia…

Si usted, al caminar al medio día por el Centro Histórico de Zacatecas, observa un hombre vestido elegantemente, andando apoyado de su bastón, puede tratarse de don Luis… si está en sus posibilidades, cómprele una bolsita de semillas y ayude a su subsistencia y la de su familia.

José Córdova/ Tropicozacatecas.com

Colaboración en fotografía: Blanca Orozco

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