Solovino, el perro callejero que encontró cobijo en la Secretaría de Educación de Zacatecas


No todos los perros callejeros están condenados a tener una historia de vida triste, en la que se alimentan de desperdicios y de basura, en la que son maltratados y repudiados por las personas e incluso, en el peor de los casos, en la que mueren luego de ser envenenados. 

Solovino es un perro de raza única que nació sin dueño. Nadie sabe dar información sobre los primeros meses de su vida, quienes lo conocen suponen que anduvo deambulando en la calle, víctima de los avatares que padece un ejemplar de su naturaleza. 

Una fría mañana de diciembre de 2016, todavía siendo cachorro de cinco meses de edad, este perrito amaneció dormido a la puerta trasera de las oficinas centrales de Secretaría de Educación de Zacatecas, en el municipio de Guadalupe. 

Quien lo encontró fue un guardia de seguridad a las 7 de la mañana que entró a su turno de trabajo. El perro no se movía del lugar… por ser su primer alimento del día, este policía arrojó al piso pedazos de un pan dulce que degustaba, y el animalito se arrimó a comer. 

Así inicia la historia de Solovinoun perro que fue bautizado con un nombre emanado del folclor mexicano y que hace alusión a su repentino arribo, sin compañía y sin custodia, a cierto lugary ahí se quedó para hacer vida. 


Los ángeles cuidan de Solovino 

Aunque socialmente da la impresión de que la rutina burocrática hace indolentes y un tanto negligentes a quienes trabajan en esta institución gubernamental, lo cierto es que en los pasillos de sus edificios, en sus estacionamientos y en sus áreas verdes, Solovino ha encontrado el cobijo y la protección humana. 

Todos los días, a las 8 de la mañana, la hora de entrada, este perrito recibe a los servidores públicos que ingresan por la puerta trasera de la dependencia educativa, a veces lo hace acostado en el piso, a veces sentado, a veces de pie observando. 

Paco es un operador de automóviles de la Secretaría de Educación. Desde hace años, ha desarrollado una vocación de animalista. Forma parte de una red de apoyo y protección a los perros de la calle, en la que sus miembros aportan una parte de su salario para comprar croquetas o incluso para realizar una aportación económica que permita cubrir una operación quirúrgica de un can en desgracia. 

Él, así como otros trabajadores más, luego de imprimir su huella en el reloj checador, sorprende a Solovino con un puñado de croquetas, con una salchicha, con los huesos de pollo o de res que recopiló en la comida del día anterior de su casa, o incluso con una caricia en su lanuda cabeza. 

La experiencia que ha adquirido en la red de apoyo y protección a perros callejeros, ha impulsado a Paco a tener la iniciativa de promover entre compañeros una colecta económica permanente para cubrir algunos gastos de la manutención y una gestión de artículos que permitan mejorar la calidad de vida de este animal.  

De esta forma, Solovino ya tiene un plato para su comida, tiene un collar, recibe su vacunación y desparasitación en tiempo y forma, de conformidad con las recomendaciones de un veterinario. 

La más reciente acción que promueven los trabajadores de la dependencia educativa es un “boteo” para juntar el dinero suficiente que les permita comprar una casa para este perrito.

 

Un perro policía, un perro socorrista 

Solovino es de carácter noble. Nunca ha mordido a una persona, no obstante de que diariamente entran a esta institución gubernamental decenas de personas a realizar diversos trámites. Siempre mueve su cola cuando se le acercan niños, señoras, jóvenes cualquier persona.  

Actualmente, su edad ronda en los tres años. Desde hace ocho meses, su andar es un poco más lento, camina un poco chueco, pues fue atropellado en su pata derecha por un taxista, frente a la puerta trasera de la Secretaría de Educación. 

Aún así, siempre acompaña en su actividad de vigilancia a Miguel, un guardia de seguridad con quien ha logrado una buena relación. 

Uno de los roles de este policía es la vigilancia de dos, de las cuatro zonas de estacionamiento que tiene la Secretaría de Educación, por lo que caminar entre los carros, ver que no se estacionen en los lugares prohibidos y que el día transcurra con normalidad, son actividades de su rutina. 

Este perrito se ha apropiado también de esta actividad. Lo mismo se le ve caminando entre los carros que observando el ingreso de quienes hacen uso de estos espacios. 

Miguel lo considera un perro policía, que aunque no ha sido adiestrado como tal, ha aprendido a cuidar y dar seguridad a los trabajadores y los vehículos de la dependencia educativa estatal. 

Por las noches, relata este guardia de seguridad, Solovino acompaña a los veladores de este inmueble a realizar sus rondines y cuando hay carros que se estacionan afuera o escucha gente caminar, rápido lanza una señal de alerta con un ladrido. 

Entre su ir y venir del día. Este perrito ya forma parte del mimetismo de la Secretaría de Educación. Ya sabe que los lunes por la mañana hay honores a la bandera; que hay una sala para reuniones, talleres y actividades; que a las 10 es la hora en que todos van al lonche… 

Y ese mismo vínculo de afecto que ha construido con esta comunidad laboral, le prepara una nueva encomienda. La brigada de Seguridad e Higiene de la Secretaría de Educación busca nombrarlo un perro rescatista honorario, pues en los simulacros de evacuación y en las talleres de capacitación al personal, Solovino siempre está atento y busca ser parte del momento…  

José Córdova / Tropicozacatecas.com

Colaboración en fotografía: Blanca Orozco

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