La jalpense Jovita Valdovinos, jefa cristera que reivindicó a la mujer


En medio de las crónicas y narraciones de sacerdotes y de hombres bravíos que pelearon contra soldados federales en defensa de la libertad de culto en la primera mitad siglo anterior, una mujer se abre camino para ser tomada en cuenta en el capítulo de la Historia que da cuenta del conflicto armado que enfrentó a la Iglesia Católica contra el Gobierno de México.

Originaria de Jalpa, Zacatecas, Jovita Valdovinos Medina es la única mujer de la que se tiene registró que participó como combatiente en La Guerra Cristera, en la que asumió una capitanía y tuvo a su cargo un regimiento de hasta 80 cristeros.

El rescate icónico de esta mujer, considerada una transgresora que pudo romper los estereotipos de género de su época, y su participación en ese conflicto armado, ha sido de interés, en distintos momentos, de historiadores e investigadores de este episodio histórico de México.

En febrero próximo se publicará una investigación documental de la escritora e historiadora de la Cristiada, Fabiola Medina Villaseñor, en el libro Jefa Cristera. Jovita Valdovinos Medina, de viva voz, editado por la Universidad de Guadalajara.

Una vida marcada por el movimiento cristero

Al inicio de la década de los años 20 del siglo anterior, en Palos Blancos, localidad de Jalpa, Zacatecas, vivía una niña huérfana de madre a la que le gustaba disparar la pistola, jugar carreras de caballos y, además, apostar.

Su nombre era Jovita y fue la menor de seis hermanos, todos hijos de Teófilo Valdovinos, revolucionario y jefe cristero de la zona del sur de Zacatecas.

Al carecer de madre, la menor creció en un ambiente en el que la figura de autoridad de su padre y de sus hermanos mayores marcaba el ritmo de formación, comportamiento e identidad familiar, refiere la investigadora Fabiola Medina Villaseñor.

Dado que su familia estaba identificada con el movimiento cristero en 1926, fecha que inició una confrontación armada entre el Gobierno y los religiosos, la vida quiso que a sus 15 años Jovita fuera víctima de un daño colateral.

El asedio que existía contra su papá y su hermano Ramón, ambos cristeros, y la imposibilidad de los soldados federales por capturarlos, cobraron venganza con Jovita, quien, a sus 15 años, fue tomada como rehén y ultrajada sexualmente por el general de División Anacleto López.

A tres meses de estar en cautiverio, logró escapar y regresó al lado de su padre y su familia.

Sin embargo, poco le duró el gusto de hacer vida en familia, pues los soldados federales matan a su hermano Luciano y le cortan la cabeza, misma que fue exhibida por poco tiempo en la plaza de Jalpa, pues don Teófilo Valdovinos rescató el cuerpo y además, al frente de un ejército cristero, tomó la plaza de esta municipalidad.

“A Jovita le tocaron esas difíciles experiencias. Ver la cabeza de su hermano exhibida en Jalpa, como mensaje intimidador a todos los cristeros, fue algo que marcó su vida”, refiere la historiadora de la Cristiada.

 

La mujer en la lucha armada

En el sitio de Internet de videos Youtube es posible encontrar un corrido cantado con guitarra titulado “Jovita Valdovinos: La Villita Jalpa Zac”.

Interpretado por el artista José Valdovinos, en sus primeras estrofas se escucha: “ella montaba un caballo en puro pelo y sin silla, con su pistola en la mano y una buena carabina, también se vestía de hombre, verdad de Dios parecía”.

Este corrido tiene un fundamento histórico real, afirma Fabiola Medina, quien asegura que Jovita Valdovinos tomó parte de la Segunda Guerra  Cristera, que inició a finales de 1934 y concluyó en 1938.

“El motivo de Jovita para levantarse en armas fue claro: detener las crueldades, la ola de asesinatos y traiciones perpetuados por el gobierno tras los famosos “arreglos” en represalia contra los antiguos jefes cristeros que se habían alzado y que, a pesar de haber sido amnistiados y radicar pacíficamente en sus casas, estaban siendo cazados.

“Hubo además un motivo personal, entre los asesinados por el gobierno estuvieron su padre Teófilo Valdovinos y su hermano Ramón, por lo que en 1934, a sus 23 años, organiza a casi un centenar de hombres y se levanta en armas”, comenta la historiadora.

Para la lucha armada, Jovita usaba un pantalón de overol, chamarra corta, cabello corto, una pistola calibre 45 y un rifle. Ante los cristeros siempre se presentó como hombre, “le decían Juan”.

En su haber dentro de la Guerra Cristera, destaca por momentos la participación de Jovita Valdovinos: uno de éstos fue cuando, en compañía de otro cristero, de nombre Simón Solís, realizó el asalto de la mina La Leonera, en Jalpa, en 1934.

“Ahí secuestró a un gerente de la mina, de nacionalidad estadounidense, por quien pidió un rescate de 3 mil pesos, algo así como 3 millones de pesos de hoy en día”, refiere Fabiola Medina.

Otro momento importante de la lucha armada de Jovita Valdovinos ocurrió en febrero de 1935, cuando, ya con el grado de capitanía y al mano de 80 cristeros, encabezó un combate contra las fuerzas federales que intentaron perpetrar una matanza contra una comunidad indígena asentada en La Villita, Tepechitlán.

Durante su participación en la Segunda Guerra Cristera, la cual se limitó hasta agosto de 1935, vivió internada en la serranía de Bolaños, Jalpa y Tepechitlán. Siempre mantuvo contacto con los generales cristeros Pedro Sandoval y José Velasco (este último al mando de la zona de Aguascalientes)

“Jovita es una mujer que tuvo la valentía de enfrentar a un gobierno que oprimía a un sector de la población y, además, se puso al frente de un regimiento de hombres y los condujo a la lucha armada contra sus similares de género”, manifiesta la historiadora de la Cristiada.

“Generalmente, la participación de la mujer tanto en la Revolución Mexicana como en la Guerra Cristera, sólo era para curar enfermos, servía de espía, transportaba parques, preparaba los alimentos o cuidaba a personas secuestradas, pero al hablar de Jovita Valdovinos también es hablar del reposicionamiento de la mujer en la lucha armada y en la Historia de México”, concluye la escritora.

José Córdova / Tropicozacatecas.com

Foto portada: Miguel Venegas, de Huejuquilla el Alto, Jalisco.

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