Fresnillo, cuna de danzantes


FRESNILLO. En medio de penachos de plumas de colores moradas y verdes, abriéndose camino entre el sonido de las jícaras o guajes y los arcos de madera, dos niños de apenas 2 años siguen el trayecto de los huaraches de tres agujeros que se mueven al son de la tambora.

El Sol ha hecho una tregua con la lluvia y brilla en su esplendor. Sus rayos cobijan la explanada del Monumento a la Bandera, en Fresnillo, donde cerca de mil matlachines danzan en una advocación religiosa.

Con sus pequeños penachos en la cabeza, Josué y Neymar Alejandro destacan en el escenario por ser los danzantes más pequeños, de 28 agrupaciones nacionales que, en el marco de la Festividad de la Candelaria, participan en la Segunda Bendición de Danzas que se realiza en El Mineral.

Los pequeños matlachines provienen de dos ramificaciones familiares distintas, en las que sus padres, tíos y abuelos, todos ellos fresnillenses, se han dedicado durante décadas a la danza de carácter religioso.

Descendientes de una familia de danzantes

Todavía hace algunos meses, estos dos niños en sus manos movían sonajas con cascabel adentro… hoy mecen en sus manos pequeños guajes, que en su interior contienen granos de frijol, hasta hacerlos sonar.

Ambos son los integrantes más novicios de la Danza Sangre Nueva “Los Chiquis”, una nueva agrupación religiosa que hace un año fue constituida en Fresnillo por danzantes de distintas organizaciones.

Ambos matlachines comparten el hecho de haber debutado como danzantes hace un año, cuando fue la Primera Bendición de Danzas. Ellos apenas estaban aprendiendo a caminar, pero ya formaban parte del baile que se brinda a la deidad religiosa.

Neymar Alejandro tiene dos años y medio, es hijo de Marco, un joven de 24 años a quien le conocen como “Piñita”, y quien, al igual que su vástago, es danzante desde que empezó a caminar.

“Venimos de una familia de danzantes. Mi mamá tiene 45 años y danza desde que tenía 6 años; mi papá tiene la misma edad que mi mamá y danza desde los 10 años. Yo aprendí en la familia la danza religiosa y quiero que mi hijo también siga este camino”, comentó “Piñita”.

“Cuando sabe que habrá danza se emociona y él mismo me pide llevar sus cosas para que lo empiece a vestir porque quiere salir a dar huarachazos”, comenta con orgullo el padre de Neymar.

Estos niños matlachines  tienen la misma vestimenta que sus similares de la Danza Sangre Nueva “Los Chiquis”: cotense, penacho, camisa roja, arco, guaje, nahuillas, faja, chivarritas y huaraches.

Pegada a una línea imaginaria se escuchan los gritos de alientos de la señora Sandra, “ándale Josué, no te quedes atrás. Fíjate cómo se mueve tu papá y síguelo”.

Es la mamá de Josué, quien, desde hace un año, motiva a su hijo para que aprenda y se empape de la tradición de ser danzante, un legado familiar que se hereda de generación en generación en su árbol genealógico.

Desde hace un año hasta la fecha, Josué danza en celebraciones religiosas de los barrios de Fresnillo, pero también viaja con su papá, integrante de esta danza, y hace sonar su guaje en festividades de parroquias y santos en otros municipios del estado.

El viejo de la danza, un demonio rojo de cabello negro, recorre las filas de danzantes y se para a unos pasos donde Josué y Neymar Alejandro hacen sonar sus huaraches, intenta asustarlos con gritos y el chirriar de su látigo, pero los pequeños matlachines sólo le voltean a ver con una ligera sonrisa y hacen tronar su arco…

Texto y Fotos: José Córdova / Tropicozacatecas.com

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