Axis Mundi: Comics y posthumanismo


Axis Mundi: Comics y posthumanismo[i]

Desde las primeras décadas del siglo XX, las narraciones de los comics han estado estrechamente relacionadas con el pensamiento posthumanista.[ii] Los relatos de ciencia ficción forjados a partir de múltiples acoplamientos, reales e imaginarios, entre la tecnología y los cuerpos humanos, así como la mente, ocupan un lugar destacado en el universo narrativo de las historietas de varias partes del mundo. La tradición francesa de la «bande dessinée» (equivalente al comic book estadounidense), por ejemplo, ha sido durante mucho tiempo un vehículo para ficciones futuristas de híbridos humano–máquina. La revista de historietas anárquicas Métal Hurlant,[iii] publicada por Les Humanoïdes Associés entre 1975 y 2000, funcionó como un laboratorio para la experimentación de los comics con la forma y la narrativa, además de ser un punto de convergencia entre las tradiciones de la ciencia ficción y la política radical posterior a 1968.

A este respecto, los textos clave producidos en el seno de dicha cultura, como la innovadora La Trilogía Nikopol de Enki Bilal[iv] (publicada por primera vez, por separado, entre 1980 y 1992) y El Incal,[v] realizado en colaboración entre el genial dibujante, ya fallecido, Jean Giraud Moebius y el inefable artista chileno Alejandro Jodorowsky, adoptan la ciencia ficción como un discurso crítico para cuestionar los cambios socio–tecnológicos de la modernidad tardía. La obra maestra de Bilal enuncia una visionaria ansiedad postmoderna sobre la erosión de la memoria individual, ocasionada por los dispositivos de comunicación electrónica, escenificando la gradual ruptura esquizofrénica de sus protagonistas a medida que se ven sometidos a una presión cada vez mayor por las tecnologías invasivas.

De forma magistral, al tiempo que las subjetividades de los personajes se fragmentan, también lo hace el propio comic. El uso de acrílicos, pasteles y lápices de colores de Bilal se hace más pesado a medida que se desarrolla la narración, proporcionando una contrapartida visual sofocante a las paranoicas líneas argumentales. Se pueden trazar estrechos paralelismos entre el enfoque temático de los medios de comunicación, los soportes tecnológicos de los dispositivos informáticos y la absorción del lector en la materialidad texturizada de los paneles individuales.

Asimismo, las narraciones de ciencia ficción también facilitaron el creciente éxito, popular y de crítica, del comic de larga duración para lectores maduros en los Estados Unidos, hacia finales del siglo XX, ya que la transformación en cuerpos posthumanos es un tema destacado tanto en The Dark Knight Returns (El regreso del caballero oscuro) de Frank Miller como en Watchmen (Alan Moore, Dave Gibbons y John Higgins).[vi] De manera similar a la trilogía de Bilal, Watchmen combina la preocupación por las transformaciones tecnológicas del ser humano con la conciencia de sí mismo, incidiendo en la forma como se le representa en los cómics. La elección de Gibbons como ilustrador por parte de Moore no fue casual: el estilo clásico de Gibbons evocaba la tradición de los cómics de la Edad de Oro[vii] que Moore deseaba evocar con una mezcla de sátira y nostalgia. Ambas obras también son excelentes ejemplos del tipo de plataformas mediáticas de distribución (incluyendo películas, series de TV, animaciones y videojuegos) que se han asociado fuertemente al comic en las últimas décadas, extendiendo la intertextualidad que ya es característica de la ficción gráfica para formar mundos transmediáticos.

Por su parte, el comic latinoamericano también cuenta con una rica tradición de ciencia ficción y fantasía que ha sentado las bases para relatos más contemporáneos relacionados con el posthumanismo. De hecho, el género más predominante en los comics de América Latina es la ciencia ficción, lo que hace que nuestra región sea muy fructífera para la exploración de lo posthumano en la historieta contemporánea. Una genealogía de narraciones gráficas de ciencia ficción contemporánea puede construirse con particular facilidad en Argentina, sobre todo gracias a Héctor G. Oesterheld, quien escribió el guion de la famosa saga de culto El Eternauta (1957–9),[viii] entre otros numerosos comics, así como Ricardo Barreiro, que compuso una serie de narrativas urbanas fantásticas en los años ochenta y noventa, en las cuales los seres humanos son constantemente puestos a prueba y desplazados por fuerzas extrahumanas. Mientras tanto, en Chile, una nueva generación de novelistas y escritores de ficción gráfica, entre ellos Jorge Baradit y Francisco Ortega, revivieron la tradición fantástica de la literatura chilena, reelaborando las mitologías indígenas dentro de un imaginario cibernético.

En cuanto a nuestro país, la ciencia ficción ha tenido una importante presencia dentro de la cultura popular mexicana, desde los grandes tirajes de las revistas pulp a partir de mediados de la década de 1930, por ejemplo, con las importantes contribuciones de Los supersabios de Germán Butze (1936–74) y Santo, El Enmascarado de Plata de José Guadalupe Cruz (1951–80). El apocalipsis y la acerba crítica política que caracterizan a los comics mexicanos contemporáneos[ix] tienen importantes antecedentes en la escritura de ciencia ficción de la generación de autores asociados al Premio Puebla,[x] que ha sentado las bases para una expresión completamente local de una ciencia ficción que está inmersa en las realidades urbanas y rurales de México.

Si hablamos de Brasil, podemos apreciar que la cultura del comic está muy extendida, al igual que en México y Argentina. En cuanto a una tradición de ciencia ficción propiamente nacional, ésta surge más tarde que en otros países latinoamericanos, con las publicaciones de Ivan Carlos Regina, Fausto Fawcett y Bráulio Tavares en los años ochenta y noventa, pero en los últimos años se ha producido un auge de las novelas y los comics de ciencia ficción brasileños, varios de ellos producidos por la asociación gráfica más renombrada del país, los hermanos gemelos Fábio Moon y Gabriel Bá, a quienes conocemos en nuestro país por su obra maestra Daytripper,[xi] y el genial trabajo de Bá en el comic de superhéroes sui generis The Umbrella Academy, por cierto, adaptada por Netflix como una extraordinaria serie.

De este modo, las exploraciones de lo posthumano en la ficción gráfica latinoamericana están casi siempre conectadas con un interés reflexivo en la materialidad de los medios. En América Latina, así como en otras regiones del mundo, el comic se ha convertido en un sitio innovador para experimentar dentro de un paisaje mediático cada vez más mutable. Esta práctica a menudo sirve a una visión post–antropocéntrica del mundo, la cual desplaza una posición de trascendencia de lo humano en relación con lo no humano, algo que tal vez se deba a los compromisos típicamente críticos y paródicos, de los autores latinoamericanos, respecto a los discursos hegemónicos (y humanistas) europeos de la modernidad y el progreso.

Por lo anterior, los múltiples y a menudo conflictivos modos de posthumanismo, desde la filosofía a la cultura de masas, se unen en su interrogante sobre lo que significa ser humano, que es la característica de la auténtica obra de arte. Respecto a la cultura de masas, el posthumanismo con el que se le ha nutrido es, casi siempre, una narración sobre las formas en que los avances científicos y tecnológicos —desde los desarrollos en biotecnología hasta el uso cada vez más generalizado de dispositivos inteligentes en objetos cotidianos como refrigeradores y automóviles— están desplazando la figura del ser humano como «separado y liberado de la naturaleza y plenamente al mando de sí mismo y de los demás no humanos».[xii] Tal es el posthumanismo de los «metahumanos» de los cómics de DC y los «superhumanos radioactivos» de Marvel, satirizados y homenajeados en Watchmen.

Dicho posthumanismo también ha sido alimentado por décadas de especulación en el campo de la cibernética, sobre la relación entre la inteligencia humana y la artificial, así como la posibilidad de que esta última pueda igualar o incluso superar a la primera.[xiii] Esto es, en parte, el motivo por el que tales narrativas tienden hacia una visión distópica[xiv] y, en última instancia, completamente humanista, registrando una nostalgia por una singularidad humana que está amenazada y destinada a desaparecer, ya sea por una catástrofe tecnológica, climática o algún un súper virus de origen natural o modificado por el propio ser humano.

Notas de referencia:

[i] https://www.hisour.com/es/posthumanism-34504/

[ii] http://www.tropicozacatecas.com/2018/04/15/axis-mundi-trans-humanidades/

[iii] De este lado del atlántico pudimos conocer algunas de las historias de Metal Hurlant en la ‘versión’ estadounidense de dicha publicación, Heavy Metal: https://www.heavymetal.com/

[iv] https://lacomicteca.com/la-trilogia-de-nikopol/

[v] http://comicritico.blogspot.com/2012/06/el-incal.html

[vi] https://www.akiracomics.com/blog/watchmen-mejor-comic-historia

[vii] https://aminoapps.com/c/comics-es/page/blog/la-edad-de-oro-de-los-comics/J1Jf_durYrdwbq0l5LnPvX5jXJwRRVG

[viii] http://lostestigosdemadigan.com/columna/las-glosas-y-los-azares-xlvii-oesterheld-y-su-encuentro-con-el-apocalipsis/

[ix] https://yucatancultura.com/comics/actualidad-del-comic-mexicano/

[x] https://es.wikipedia.org/wiki/Ciencia_ficci%C3%B3n_mexicana

[xi] https://journals.openedition.org/amerika/6382

[xii] https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22012012000100007

[xiii] http://www.tropicozacatecas.com/2019/01/20/axis-mundi-estupidez-humana-e-inteligencia-artificial/

[xiv] https://okdiario.com/curiosidades/distopia-1011726

Carlos Hinojosa*

*Escritor y docente zacatecano

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